Capone

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La demencial ‘Capone’, más que biopic, caricatura y guiñol

El biopic pretende contar el último año de vida de Al Capone, pero podría ser un año de vida de cualquier enfermo terminal y demente podrido de dinero

Cuando vi los estrenos de Filmin para abril de 2021, me emocioné: por fin podría ver aquel biopic sobre Al Capone encarnado por Tom Hardy que estaba previsto que se estrenase en 2020. La COVID-19 hizo que la llegada a salas de la película escrita y dirigida por Josh Trank (‘Chronicle’, ‘Los cuatro fantásticos’) se cancelase. Y, la verdad, podría haberse quedado sin estrenar.

‘Capone’ narra el último año de vida del más famoso gánster de todos los tiempos. Después de pasar una larga temporada en la cárcel. Sifilítico, hundido y demacrado, la justicia norteamericana le permite pasar su último año de vida en su mansión de Florida. La premisa parece interesante para un biopic. Pero nada más lejos de la realidad.

Tom Hardy interpreta a Al Capone en el biopic dirigido por Josh Trank
Tom Hardy interpreta a Al Capone en el biopic dirigido por Josh Trank.

Se supone que un biopic consiste en contar la vida, o una parte de la misma, de algún personaje famoso o relevante. En esta ocasión podrían ser 103minutos de declive y demencia de cualquier persona que sufra una enfermedad degenerativa y terminal. Si esa persona sobreactuase tanto como lo hace Tom Hardy debajo de tanto maquillaje y látex, claro.

Se supone que en un biopic se cuentan pasajes relevantes de la vida del personaje del que se habla. Lo más cerca que nos deja Josh Trank de esto es una ficción radiofónica mal interpretada que, en algunas escenas, escucha un Tom Hardy purulento y babeante.

Se supone que un biopic, aunque sea una película biográfica, es eso: una película. Y una película tiene un objetivo. Una trama. Un desarrollo. Encontrar eso aquí, es difícil. Lo más parecido podría ser que Fonz (así llaman a Capone en casa) ha escondido diez millones de dólares en su mansión, pero su enfermedad le impide recordad dónde. Sin embargo, esto más que ser un objetivo principal en la trama en un runrún que aparece en algunas escenas. Y tal como viene, se vuelve a ir.

Capone en bata y pañales disparando con su metralleta de oro macizo.

Y toda este listado de críticas sin llegar a entrar en la más terrible de todas. Si miramos la ficha de ‘Capone’, aparece como película de Drama. Aunque sin duda es más una parodia, una caricatura, un ejercicio de guiñol. Y como tal, funciona. Te hace reír o, al menos sonreír, al ver como el más todopoderoso gánster de Estados Unidos se defeca encima entre retorcijones y flatulencias en pleno interrogatorio del FBI. O al ver como un demacrado Tom Hardy, con pañales y batín de andar por casa, empuña una metralleta de oro macizo y se dedica a disparar a diestro y siniestro. Ah. Y con una zanahoria en la boca, en lugar de su característico puro. Cuando el personaje, dos escenas atrás, casi no podía caminar.

Capone demacrado "fumando" una zanahoria
Capone demacrado «fumando» una zanahoria

Es también caricaturesco el maquillaje. Sarpullidos. Manchas. Sudor. Babas. Ojos inyectados en sangre… Todo sobre siete capas de látex. Y si lo acompañamos del vestuario del personaje… Digno de los mejores guiñoles de aquel maravilloso programa de Canal+. Batines de seda, albornoces, pijamas con diseños propios de un esmoquin. Y, desde el segundo tercio de la película, pañales. Uno ve eso en televisión mientras hace zapping, y hasta es posible que se quede a verlo mientras murmura «¿pero qué narices…?».

De la actuación de Tom Hardy poco más se puede añadir. Quizá al sentir tantos kilos de maquillaje encima se vio obligado a exagerar los gestos hasta el extremo. Y con ello se le fue también a un acento italiano muy forzado. Un Capone que no habla sino que murmura, gruñe y grazna. Aquí salvo parcialmente al bueno de Tom porque intuyo que fueron exigencias de Josh Trank. Siempre tan… único y particular.

Y cuando lees esto crees que, bueno, al menos era complicado liarla en el desarrollo de la trama (la poca que pueda tener ‘Capone’). Pero no. Trank nos vuelve a sorprender. Nos encontramos numerosas secuencias en las que la realidad se funde con la demencia de Fonz. Y nos pasamos un par de minutos con una cara de «¿y esto? ¿a qué viene?». Como cuando un Capone que apenas puede murmurar, acaba cantando con Louis Armstrong en pleno ataque de demencia. Pero esta sensación de confusión la salvaremos alegando que está hecho así a propósito. Para que el espectador vea a través de los ojos del protagonista y sea incapaz de discernir qué es real y qué no. Por salvar algo.

Puntuación de Mr McGuffin: 1sombrero

Lo mejor: quizá te eches unas risas viendo al mayor gánster de la historia cagarse encima. O quizá te eches unas risas viendo los desvaríos de un pobre hombre que no es capaz ni de ubicarse (me refiero al guionista y director, Josh Trank).

Lo peor: puedes volverte a leer todo el artículo. Será más sencillo que poner aquí todo el listado de cagadas que se pueden cometer en los 103 minutos que dura la película.

Si a pesar de todo te quedan ganas, puedes verla en Filmin.

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