El Inocente

‘El Inocente’: thriller español en Netflix

Mario Casas, hostias, gore y voces en off. ¿Será el inocente?

Aquí El Heavy que se ha chupado la serie ‘El Inocente’, 7 horas y 47 minutos, todo sea por cumplir el compromiso con The McGuffin.

La serie, un thriller de ocho episodios, está escrita y dirigida por Oriol Paulo (‘Los ojos de Julia’, ‘El cuerpo’, ‘Contratiempo’). En la escritura también participan Jordi Vallejo (‘No matarás’) y Guillem Clua (‘Estoy vivo‘). Y, además, colabora en el guion el autor de novela negra Harlan Cohen que, sorpresa, es el autor de ‘El Inocente’.

La historia es la siguiente: nada la veis. A ver, Mario Casas encarna a un joven muchacho llamado Mateo, pero que todos llaman Mat. Mat no es violento pero en una discoteca un poco pija (de clase media para los pijos-pijos) se ve envuelto en una peleíta. ¿La mala suerte? Que uno se abre la cabeza y goodbye(no cuento nada más) con la ayuda de un empujoncito del prota. Talego, te rapas el pelo un poco y te pones cachas, mucho.

Y ahí ya empieza el lío. Porque esta serie es un lío. Una muerte por resolver(otra), gente que oculta la verdad, policías que se pisan las investigaciones y muchas hostias, como panes. Se ve que al director le van los efectos especiales del mundo gore, excesivos e innecesarios pero, para malos gustos, los colores pistacho.

El problema del relato

En un thriller, en la mayoría, lo difícil es mostrar al malo desde el principio y que luego te lleves la sorpresa, porque te tiras todo el rato apostando por otros. Y al final te equivocas y aplaudes cómo la historia te ha ido guiando y despistando para hacerte disfrutar. Bueno, pues en ‘El Inocente’ lo clavas. Y si no lo clavas te da igual.

Las interpretaciones están muy bien, en general. Y las escenas de acción y la producción son de calidad de la buena. Pero esta serie adolece, como hemos dicho antes, de lo fundamental. Y es que el relato se cae. El circo que se monta es tan grande que a veces cuesta ver que han hecho un videoclip monumental y se han olvidado de contarnos algo en imágenes.

Parece mentira que en una producción donde panoja no falta todo te lo tengan que decir a base de voz en off (Mario Casas la tiene siempre un poco off), monólogos interminables, revisiones de la misma historia desde distintos puntos de vista (no es Rashomon, ya os digo yo) y conversaciones telefónicas. Porque otra cosa no pero teléfono hay para agotar las existencias en la Casa de las Carcasas.

Tantas pesas para luego estar pegado al teléfono. Mario Carcasas.

Es cierto que las piezas de la historia que se van mostrando, aunque de forma algo tramposa, enganchan al espectador en cada episodio. Intuyo que habrán enganchado más al lector de la novela. Porque de lo que peca esta serie de televisión es de muy literaria. Las tramas se van entrecruzando, bien. Se van explicando, desmadejando, según avanzas con el visionado, bien. Pero esa explicación es el kit de la cuestión (lo he puesto aposta, es quid, que sois unos listos). Porque al final era nada. Era lo de siempre. Y, en algunos casos, era casi inverosímil.

El final de ‘El Inocente’

Uno de los signos más evidentes de que la serie no te ha gustado (aunque tiene muchas cosas por las que merece la pena verla) es que quieres que se acabe. El final es interminable. Creo que es lo peor que le puede pasar a una narración, sea la que sea. Sin embargo, aunque esta reseña esté llena de reproches, El Inocente tiene muchos elementos atractivos por los que acercarse a ella, a esta mini-serie. Uno de ellos: la cantidad de series foráneas malas que nos comemos y lo críticos que somos con el producto patrio (lease este mismo post). Así que…

Valoración de Mr. McGuffin: 3sombreros

Lo mejor: los primeros planos de José Coronado.

Lo peor: poner la puesta en escena por encima de la historia.

Aviso: con esta serie no te duermes. Estás siempre muy arriba.

Y si quieres verla, puedes hacerlo en Netflix.

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