El hombre que mató a Don Quijote

El hombre que mató a Don Quijote

‘El hombre que mató a Don Quijote’. La Mancha de Terry Gilliam: estreno en Netflix

Delirante, caótica y deudora de la intrahistoria del rodaje.

El Heavy, fiel seguidor de esta web, The McGuffin , consultó el post que la amiga Carolina de Altolaguirre dedicó a los estrenos de junio en plataformas . Y decidió hablar de ‘El hombre que mató a Don Quijote’, en Netflix desde el 1 de junio.

El film de Terry Gilliam (Monty Python, El Rey Pescador, Brazil y tantas otras ralladuras audiovisuales), estrenado finalmente en 2018 cuenta la historia de un rodaje americano, de un director anglosajón en mitad del páramo manchego, con sus molinos, sus problemas de producción y sus jaleos amorosos. O eso parece.

Decimos “estrenado finalmente” porque muchos sabrán que la peli estuvo rodeada de mil movidas, recogidas en el documental Lost in La Mancha (2002). Y es que el proyecto arrancó en 1998 y por el camino se cayeron varios hidalgos de adarga antigua y distintas nacionalidades: el francés Jean Rochefort o el británico John Hurt.

Intentar ver la película, que es la historia de un rodaje en La Mancha por parte de un realizador que, años atrás, hizo un rodaje sobre el Quijote en mitad de la Mancha, sin tener presente el paralelismo con el propio rodaje del bueno de Terry es casi imposible. Tampoco ayuda ver a Óscar Jaenada o Jordi Mollà a meterse en el relato.

El abordaje al universo quijotesco del director es, como en gran parte de su filmografía, un exceso de metáforas, fuegos visuales(no es una errata: fuegos) y capas narrativas. Exceso en el buen sentido, aunque parece pesar más el aspecto formal (fotografía extraordinaria, puesta en escena, diseño de producción) que las peripecias de sus protagonistas.

Los protagonistas y los cameos

Tenemos a un Jonathan Pryce (muchos años después de su angustioso Sam Lowry en Brazil (1985)) majestuoso haciendo de loco caballero y a un Adam Driver en mitad de la Saga Star Wars, como alter ego del propio Gilliam. El personaje de Adam se va metamorfoseando por la tierra hispana para convertirse, a su vez, en otro Quijote. Para caer del caballo como San Pablo y para llenarse de polvo y de golpes, que es como uno cambia de verdad.

La producción, de sello español(Tornasol Films), la localización(mucho en España) y la obra(de Cervantes) hacen desfilar delante de la pantalla toda una suerte de cameos patrios con más o menos fortuna. Desde Rossy de Palma, haciendo de musulmana almodovariana, pasando por Hovik Keuchkerian (lo escribí sin consultarlo), William Miller, Ismael Fritzi, Paloma Bloyd, Alberto Jo Lee (Tapas) o Jorge Calvo (Manos a la obra). Participantes algunos de escenas corales que recuerdan al gran Luis García Berlanga, con ese caos vibrante y brillante tan característico del valenciano (100 años hubiera cumplido el pasado 12 de junio).

Adam Driver de estrafalario director de cine

El tono

El género de la película, 2 horas y 12 minutos, dice IMDB que es Aventuras, Comedia, Drama y Fantasía. Pero sería mucho más concreto decir que el género es «Terry Gilliam». Su diálogo constante fantasía-realidad, sin importarle sus consecuencias, propone al espectador un diálogo también con la propia película, que uno ve desde dentro y desde fuera, desde el ojo del protagonista y desde el ojo del realizador.  

Este tono, sin embargo, se ve quebrantado en la escena del zapato: innecesaria, fuera de lugar y que no ayuda en nada, más bien debilita, toda la arquitectura mastodóntica creada alrededor del cuento manchego.

‘El hombre que mató a Don Quijote’ quizá vaya de la imposibilidad de matar al Quijote, al Quijote que tenemos dentro. De la imposibilidad de renunciar a la fantasía, a la otra piel, a la quimera. Quizá también vaya de cómo el poder lo corrompe todo y cómo la ficción sólo es sana desde la vehemencia.  

La aventura del cine

Una película de Terry Gilliam hay que verla sí o sí. No se me ocurre mejor razón. Pedro Almodóvar, Woody Allen, al igual que Berlanga, Hitchcock o Bergman, son creadores que te invitan a la aventura del cine, una aventura que es difícil de explicar en toda su magnitud y que es mejor simplemente disfrutar. Las pelis de Gilliam no me suelen parecer nunca redondas, pero tienen un viaje extraordinario. Sólo por eso merece la pena acercarse a ver este Quijote cercano y lejano a la vez.

Valoración de Mr. McGuffin: 4sombreros

Lo mejor: fotografiar a Don Quijote por Fuerteventura, Navarra, Toledo…

Lo peor: a veces el exceso es exceso.

La peli es larga y el final no es de traca. Te puedes dormir en algún momento.

Y, si quieres verla, creo puedes hacerlo en Netflix.

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