‘El Cid’ regresa con más guerras, más traiciones y más enemigos… pero igual de flojilla que su primera temporada

Este nuevo viaje a la belicosa Castilla medieval corta de raíz con la primera temporada de la serie. En su lugar, se apoya en escenas militares y monólogos intensos… pero sigue sin acabar de despegar 

‘El Cid’. Plano general. Nos sumimos en el fragor de una cruenta batalla medieval. Sangre, sudor, cadáveres desparramados por el suelo y una banda sonora tristona que le da a todo un toque pesimista de narices. Después, un primer plano del prota con la cara desencajada. Todo parece perdido… pero de pronto, justo en el último momento, llegan los refuerzos. Las huestes aliadas que no llegaron a tiempo para la contienda aparecen en el momento preciso y salvan el día. Cambian las tornas, cambia la música y los héroes vencen la guerra sumidos en un júbilo epifánico. Este recurso narrativo que dota a las batallas de ‘Braveheart’ o de ‘El Señor de los anillos’ de secuencias verdaderamente emocionantes… en ‘El Cid’ se convierte un chasco previsible y, encima, precario.

Para empezar, la “batalla perdida” está tan mal realizada que no parece perdida en ningún momento. Así que, para compensarlo, nos plantifican a un personaje secundario en mitad del plano para que vaya berreando a voz en grito todo lo que está pasando y que no estamos viendo porque la cámara no se ha dignado a narrarlo en condiciones. En consecuencia, cuando finalmente llegan los refuerzos y este mismo personaje introduce su llegada como si fueran un milagro caído del cielo… al espectador le importa más bien poco. Esta escena ilustra el espíritu general que destila la segunda temporada de ‘El Cid’. Toda ella es “un intento de…” que se queda en eso, en intento.

Secuencia de una módica cena familiar de la serie

La trama discurre entre conflictos sosainas que se despachan en minutos y guerras precipitadas (a cuál menos excitante que la anterior). Mientras tanto, los personajes, mordidos por la musa “juegodetronense”, se enzarzan en conversaciones intensas pero vacuas que realmente no dicen nada. Por eso, según pasan los episodios, uno se cuestiona exactamente qué está viendo. Es casi como si los realizadores no supieran hilvanar una historia que sustentase toda la temporada y en su lugar, rellenasen los capítulos con micro-tramas autoconclusivas. Así, en vez de un ‘Juego de Tronos’ a la española, lo que ha acabado saliendo es (por desgracia) una telenovela de época.

Otro problema de ‘El Cid’ es precisamente… ‘El Cid’. No me voy a meter con el actor, Jaime Lorente hace lo que puede con el marrón que le ha caído y defiende su papel con holgura pero la estructura de la serie no va en su favor. La trama general no está construida en torno a su personaje así que el prota se acaba convirtiendo en una figura satélite que ni pincha ni corta en su propia serie. No exagero si os digo que lo único que hace El Cid (en la serie «El Cid») es dar tumbos entre distintos escenarios y abrazarse con todo el mundo. Lo de los abrazos es verídico, lo juro por la Tizona. Fijo que Lorente acabó el rodaje con ampollas en las axilas de tanto abrazarse con cada personaje secundario que se paseaba por el encuadre.

Por si fuera poco, hay algo que agranda este error de planteamiento, y es que en cada capítulo, reyes y nobles a lo largo y ancho de la península hablan maravillas de las andanzas del Campeador. Incluso hay una subtrama casi cómica en la que el rey Alfonso trata de robárselo a su hermano Sancho como si fuera un delantero valiosísimo por el que se pelean los equipos de fútbol. Que todos laman las botas de un personaje inocuo que no hace absolutamente nada reseñable en toda la temporada se acaba atragantando. Se les ve el plumero, vamos. Como si por hablar maravillas del prota fuésemos a tener un mejor concepto de él, pero no cuela.

La caricaturica de turno

Además, para tener solo 5 episodios se hace dolorísimamente larga. Cada uno de los capítulos se extiende tediosamente hasta llegar a los 60 minutacos y resulta muy ardua de ver. Esta duración pausada recupera esa esencia telenovelesca que mencionaba antes. La serie intenta apelar a un registro y un estilo más moderno, pero acaba convirtiéndose más bien en un remanente de todas esas series de época que ha emitido RTVE y que han pasado sin pena ni gloria por la televisión por cable.

Ojo, no todo son errores. La trama es más estimulante que en la temporada anterior y el esfuerzo por acercarse a los acontecimientos históricos de los que parte es muy loable. Incluso es interesante que intente deconstruir al Cid retratándolo como un soldado leal a su rey incluso cuando este tenía aspiraciones déspotas y totalitarias. Por eso me sabe mal decir esto pero me parece oler la cancelación en el horizonte. Como si Amazon hubiera estrenado la temporada para no dejarla en un cajón, pero dándola por perdida ya de entrada. Ojalá me equivoque…

Valoración de Mr. McGuffin: 1sombrero

Lo mejor: La deconstrucción del personaje histórico de El Cid.

Lo peor: su estructura pesada y confusa que salta de un conflicto a otro sin construir una continuidad narrativa. El regusto que deja el visionado es como si los guionistas empezaran a hacer un puzle y en cuanto unieran las dos primeras piezas, lo tiraran al suelo y empezaran otro de 0. Es una experiencia muy frustrante.

Si te ha picado la curiosidad, puedes verte las dos temporadas de ‘El Cid’ en Amazon Prime Video.

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