Sex education

‘Sex Education’, parece fácil pero no lo es

Todos los guionistas tememos que alguien se siente y nos diga: “lo que quiero es muy fácil. Sólo quiero una serie divertida, con comedia disparatada, humor inteligente, que atienda a la diversidad sexual del siglo XXI y que además todo esto lo haga de forma natural y entretenida”. Cualquier guionista con dos dedos de frente sabe que reunir todo esto en una serie es imposible y, sin embargo, ‘Sex Education’ lo consigue.

En las dos primeras temporadas de “Sex Education” quedaba clara la premisa de la serie. Otis, el hijo de la doctora Jean Millburn, una afamada sexóloga, se enfrenta a su adolescencia en el peor entorno posible. Una madre que quiere hablar abiertamente de todo. Durante estas dos temporadas asistimos a los intentos de Otis por ligar con Maeve, a los intentos de Eric y Adam por descubrir juntos su sexualidad etc. Todo esto, tiene lugar en un pueblecito rural inglés ambientado en una extraña ucronía. Los móviles táctiles conviven con coches de los 80, los 70 y los 90 y la campiña adorable comparte escenas con los tráiler Park propios de la América profunda.

Con la llegada de la tercera temporada a Netflix, asistimos a la aparición de Hope, la nueva directora de la academia Moordale, que se convierte rápidamente en la némesis de todos los protagonistas de las temporadas anteriores. A Hope la encarna Jemima Kirke, una de las coprotagonistas de “Girls” y que, claramente, se está especializando en retratar la hipocresía y el conservadurismo. No sólo se empeña en imponer una serie de normas absurdas, sino que además pretende combatir las hormonas de los alumnos del centro.

Con Jemima Kirke llegan los uniformes a «Sex Education» y con los uniformes llega la resistencia a la autoridad.

Así es como asistimos a los devaneos sexuales de los protagonistas de otras temporadas (incluida la inolvidable Lily, ahora convertida en pareja de Ola). Y vamos viendo cómo los alumnos se ven obligados a formar un frente común frente a la recién llegada.

El éxito de ‘Sex Education’ radica en que primero odies a ciertos personajes para luego terminar empatizando con ellos y queriéndoles. Así, en la primera temporada todos odiábamos al abusón Adam Groff y terminamos queriéndole en la segunda. En esta tercera temporada descubrimos con cariño al ex-director de la escuela Michael Groff y a la inolvidable Ruby. Esa pija abominable que en esta temporada demuestra tener su corazoncito.

Adam Groff, todos le odiamos en la primera y, sin embargo, ahora le querríamos comprar un pony.

Yo creo que el gran hallazgo de “Sex Education” es su capacidad para tratar grandes temas. Aborda la sexualidad, la educación, la paternidad o la pareja, pero desde la comedia divertida desenfadada y disparatada. Es de esas series que, como el mejor cine de Billy Wilder o Lubitsch, te tiene muerto de la risa durante 50 minutos para terminar dejándote en la cama pensando «coño, no había yo pensado en esto».

Valoración de Mr. McGuffin:

5sombreros

Lo mejor: La galería de personajes secundarios que cada día van siendo menos secundarios. Con mención especial para el ex-director del centro, Michael Groff, padre de Adam.

Lo peor: La trama «adulta» entre Jakob y Jean Millburn. No puedo hacer spoilers pero es lo menos fresco de la temporada, con diferencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *