‘Ad Astra’: la respuesta de los viajes espaciales está más cerca que nunca

Con ‘Ad Astra’, nos encontramos ante la apuesta cinematográfica más humilde sobre la búsqueda de vida inteligente en otros planetas. Una gran muestra de que la ciencia ficción es un género muy versátil que no siempre ha de buscar lo inimaginable

Toda misión espacial genera sentimientos encontrados: por un lado, temor; por el otro, deseo. El miedo es una puerta que da acceso a aquello que exige un mínimo sacrificio. En ‘Ad Astra’ no vamos a encontrar miedo, pero sí un ejemplo magnífico de lo que supone estar a la altura de las circunstancias y cumplir con máximas que trascienden la vida de uno mismo.

Estamos más que acostumbrados a las películas en las que un uniforme o una bandera marcan las decisiones del espíritu individual. De hecho, a veces ese espíritu se pierde ante la grandeza de otro con carácter más general que justifica todo acto. Pese al evidente etnocentrismo americano, en Ad Astra se pone el acento en algo que no es un mero deber por el deber patriótico, o por el bien; en ‘Ad Astra’ se demuestra que el propio acto de cumplir con aquello para lo que estamos destinados es el verdadero sentido de la vida.

Roy McBride en un estudio de grabación
Roy McBride en un estudio de grabación en Marte

Tras una serie de accidentes causados por choques de ondas electromagnéticas procedentes del espacio, al astronauta Roy McBride (Brad Pitt) le encomiendan visitar una estación espacial situada en Neptuno. Se trata del vehículo utilizado para el Proyecto Lima: una antigua misión en busca de vida extraterrestre inteligente. Esta estación espacial estaba, aparentemente, perdida en el espacio; y dentro de ella iba el padre del propio Roy, Clifford McBride (Tommy Lee Jones).

En el viaje de todo héroe, los sucesos que le acontecen van cambiando su personalidad. Roy es una persona entrenada para controlar sus emociones por completo. Sus impulsos, incluso los fisiológicos, se ven sometidos a un equilibrio inalterable. Todo esto no es inocuo, y menos aún para alguien cuya niñez se ha visto marcada por sucesos traumáticos.

No merece mucho la pena comentar sucesos concretos de la película, ya que no hay ninguno realmente trascendente. Más allá de una persecución con buggies en la luna, las escenas de acción son inexistentes, y la tecnología no es mucho más visionaria que la ya planteada en películas como Marte).

Persecución en la Luna

El objetivo del visionado pretende ser experimentar el viaje en sí (el espacial y el personal). Por este motivo, no quiero tampoco entrar demasiado en percepciones y reflexiones personales. Me limito a contradecir a Fox Mulder: la verdad no siempre está ahí fuera, y a veces basta con mirarnos a nosotros mismos. Ad Astra es un buen recordatorio de que somos los creadores de nuestras propias creencias. En nuestras manos está decidir hasta dónde somos capaces de llegar para que se vuelvan verdad.

Valoración de Mr McGuffin: 3sombreros bueno, lo dejamos en 3’5. Que los efectos especiales lo merecen.

Lo mejor: una trama libre de todo artificio que aborda una temática manida desde un punto diferente.

Lo peor: tiene rivales que son pesos pesados, y al espectador medio le puede resultar algo lenta.

Si tú también quieres verla, pásate por Amazon Prime Video.

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