Infinite portada

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‘Infinite’: ¿qué es ser un héroe?

‘Infinite’ nos propone un replanteamiento sobre las figuras del héroe y del villano, en una cuestionable lucha por lo que es justo. Por sacar algo de la peli

Cuando usamos el término ‘héroe’ para referirnos a alguien en la vida real, suele deberse a un ejemplo de valentía desmedida. En los libros y en las películas, la cosa suele ser distinta: todo se basa en superpoderes; y, a partir de ahí, todo pasa a ser súper. Si se cumple ese punto, pasamos a la siguiente categoría: la de los bandos. Las etiquetas de «héroe» o «villano» dependen de si el fin se orienta hacia el bien o hacia el mal. Y aquí es donde ‘Infinite’ puede aportar algo nuevo a las propuestas habituales.

Estamos acostumbrados a extraterrestres como Superman, a dioses como Loki y a experimentos como Capitán América. Pero ¿qué es esto de superhéroes humanos? Parece que hay una antítesis. Si su poder consiste en hacer lo que otras personas hacen, ¿por qué ellos son especiales? La clave está en el resultado de la suma de las partes.

La cotidianidad del héroe
La cotidianidad del héroe

Evan McCauley (Mark Wahlberg) es una persona con dificultades para ganarse la vida a causa de su historial psiquiátrico. Sin embargo, lo que ha supuesto una traba en su día a día no es más que el resultado de su don: la reminiscencia de vidas pasadas. Resulta algo absurdo creer que este personaje no se olía nada raro cuando sabía cosas sobre las que jamás había leído o visto. Esto lo intentan justificar con un accidente en su adolescencia; algo que, a mi parecer, no se consigue. Al final, con un poco de ayuda, recupera la memoria por completo y se reconoce como «Threadway», la identidad compartida con sus vidas pasadas.

La nueva disputa maniquea

Como en toda historia épica, frente a la figura Threadway encontramos a su opuesto. En este caso, ese lugar lo ocupa Bathurst (Chiwetel Ejiofor) y el grupo de los «nihilistas». Al contrario de lo que puede esperarse, los planes de Bathurst no consisten en dominar el mundo ni en hacerse inmortal (que ya lo es), sino, precisamente, en poder morir; con la dificultad de que para ello debe acabar con todo ser vivo para no poder reencarnarse. Ese es el poder que comparten todos los personajes: vivir, una y otra vez, acumulando las habilidades aprendidas en cada vida. Pero lo que unos consideran un regalo, para otros, como Bathurst, es una condena.

Bathurst y su juguete encierra almas
Bathurst y su juguete encierra almas

Para eliminar a sus enemigos de manera individual y que no se reencarnen, Bathurst encierra en tarjetas microSD sus almas. Para lo que concierne a toda entidad viviente, inventa un huevo megadestructor, pero el grupo de los «creyentes» (los buenos) se lo arrebatan. La acción de la película es un poco absurda, dado que si fue él quien lo creó, ¿para qué recuperar ese huevo si puede fabricar otro? Quizás me perdí ese detalle buscando algo que mereciese la pena contar. Intentaré reflejar ese punto positivo en las siguientes líneas

Si queremos sacar una reflexión de esta película, me quedaría con la siguiente. El villano es un ser duro, pero aquí es un ser que sufre. El villano es un ser egoísta, pero en ‘Infinite’ ambos roles son igual de egoístas, al menos a mi entender. Se intenta vender la mala imagen de los unos y la buena de los otros, en una primera escena que no deja a ninguno en buen lugar. ‘Infinite’ es, por tanto, fiel reflejo de la lucha fruto de la incomprensión.

Valoración de Mr. McGuffin:2sombreros

Lo mejor: la idea de la reencarnación es algo que siempre interesa. Alguna que otra escena de acción.

Lo peor: la narrativa en general. No se puede decir que sea una película MALA, pero es muy normalilla.

Puedes ver esta película en Amazon Prime; aunque puedes hacer muchas otras cosas también, como leer cualquier pasaje del Bhagavad-gītā.

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