Being The Ricardos: la tele de Lucille Ball en Amazon Prime

Brillante homenaje a la comedia de los 50’s y a los guionistas

‘Being The Ricardos’, estrenada el 21 de diciembre en Amazon Prime, es el radiante estreno que aborda esta vez El Heavy para The McGuffin. En citas anteriores ya habíamos hablado de Los Jacintos, ahora de Los Ricardos. ¿Qué será lo próximo? ¿Una docu-serie sobre Los Manolos?

‘Being The Ricardos’ nos muestra la vida delante y detrás de las cámaras de Lucille Ball y Desi Arnaz (‘Los Ricardos’ en la serie ‘I love, Lucy’). Fue la sitcom que batió todos los récords de audiencia y pionera en numerosos aspectos de la ficción televisiva. Por ejemplo: la primera en grabar con público en directo, como en ‘Hostal Royal Manzanares’ pero 45 años antes.

Lo que cuenta

La película es una especie de biopic sobre la figura de Lucille Ball, centrándose en una semana de grabación: aquella en la que ve peligrar tanto el futuro de su trabajo como el futuro de su matrimonio. Así, el relato está dividido en días: de lunes a viernes, final de la semana en que será la puesta en escena. Durante esas jornadas veremos cómo se hace una comedia en televisión desde dentro: los guionistas, los productores, los anunciantes, las presiones de arriba. Todo y todos girando alrededor de la pareja protagonista.

Y mientras todo esto gira, Lucille Ball tiene, además, que lidiar con la sospecha de una infidelidad conyugal: su marido sale por las noches, llega tarde y la prensa se hace eco de ello a lo ‘Sálvame Deluxe’.  

Con estas dos tramas perfectamente entrelazadas y resueltas, el director consigue realizar un retrato parcial de la sociedad americana de los 50’s: los miedos, los roles y las convenciones.  

Aaron Sorkin y el poder

La película está dirigida por Aaron Sorkin, guionista y director con una trayectoria en gran parte relacionada con historias sobre el poder: ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, ‘Algunos hombres buenos’,  ‘La guerra de Charlie Wilson’ o ‘El juicio de los 7 de Chicago’, entre otras. También en esta historia sobre la comedia televisiva encuentra Sorkin espacio para dibujar los juegos de fuerza entre los diferentes intereses que rodean una producción.

La vida y la ficción

La pareja protagonista de la serie ‘I love, Lucy’ es un matrimonio en la ficción y en la vida real. Así, los conflictos cómicos de la primera ayudan a sobrellevar los conflictos dramáticos de la segunda. En el relato hay una reflexión sobre la necesidad de la ficción en la vida real. Cómo la ficción, muchas veces, nos salva. Cómo la sitcom seguida por millones de espectadores no sólo hacen llevadera a éstos su existencia, sino a los propios protagonistas.

En este intento de mezclar ficción y realidad, la película adopta en determinados momentos el formato del documental, con personajes veteranos rememorando aquella época. Igualmente contrapone momentos del ensayo de una escena en plató (en color) con la escena según se vería por los televisores (en blanco y negro).

El blanco y negro para mostrar lo que se vería en pantalla de ‘I love, Lucy’

El flashback y el pelo

Tirando de flashback, pero sin disolver el fotograma ni nada, también nos cuenta cómo se conoció la pareja y la trayectoria de Lucille antes de dar el salto a la televisión. Un retrato donde se incide en el coraje de la artista y su tozudez ante las adversidades. Para que no nos despistemos, su pelo cambia de color según estemos en una época o en otra, ya que el aspecto de una irreconocible Nicole Kidman, apenas cambia en todo el metraje.

Nicole Kidman

Las diferentes cirugías que se ha infligido Nicole Kidman en su rostro para mantener a raya las arrugas a costa de desaparecer su gestualidad hace que el maquillaje para parecerse a Ball quede hasta grotesco, al no saber uno diferenciar qué parte pertenece definitivamente a la actriz y que desaparece con el personaje. Así, en muchas ocasiones uno desconecta de la trama y los diálogos quedándose absorto con esa especie de máscara chanante.

Sin embargo, esto, que es un obstáculo, no consigue tapar la gran interpretación de Nicole Kidman como la pizpireta y resuelta cómica americana.

Javier Bardem

Bardem, que también tiene sus retoques, se sigue pareciendo al Bardem de ‘Jamón, Jamón’ y su parecido físico con el original señor Arnaz (os sale decir «Aznar», lo sé) no es tan ambicioso. Quizá esto hace que su interpretación como el cubano compañero de vida y de obra de Lucille Ball cause menos zozobra en este que os escribe.

La puesta en escena

La ambientación del Hollywood de los 50’s está genial: las mansiones con piscina, los clubs, Mulholland Drive y todos esos elementos que nos creemos como parte de ese imaginario colectivo concreto. La fotografía tampoco defrauda y cumple con los cánones de mostrar la época de los cincuenta llena de marrones, amarillos y pardos, como si la nostalgia no se pudiera pintar de otro color.

El final

El final consigue cerrar las dos tramas que, aunque poco importen al espectador, sí se muestran decisivas para sus protagonistas. Y ése es quizá un detalle negativo que vemos en la película: cuando tenemos que ser fieles a la historia y queremos mostrar algo como verosímil se nos puede escapar la importancia del conflicto. Vamos, que aquí no hay un «¿Ordenó usted el Código Rojo?».

Valoración de Mr. McGuffin: 4sombreros

Lo mejor: las discusiones sobre el guión.

Lo peor: la cara-maquillaje de Nicole Kidman.

No me dormí, tenía algo de fiebre y con los subtítulos en grande la gocé.

Está disponible en Amazon Prime. Me da que caen premios. ¿A quién querrá el señor Oscar?

 

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