‘Antlers: Criatura oscura’, monstruos de carne y hueso

Scott Cooper aprovecha su primer chapuzón en el cine de terror para explorar la inhóspita mitología del folclore norteamericano

El sello recurrente y a menudo cuasi indistinguible del cine de terror comercial es la fantasía. Es el subterfugio para que nazcan los espectros, los alienígenas y los asesinos en serie disfrazados que nos pegan sustos a golpe de cuchilladas. ‘Antlers: Criatura oscura’ llama la atención particularmente por su interés manifiesto por hacer aterrizar esos horrores de la ficción en el mundo real. Se adivina aquí la mano del guionista Nick Antosca, creador de la hipnótica miniserie ‘Nuevo sabor a cereza’ y artífice del cuento ‘The quiet boy’, que sirvió como germen para esta película.

Así, el monstruo dantesco y aterrador que oculta su faz hasta casi la última secuencia para dar un golpe de efecto gore y escalofriante (como no podía ser de otra manera teniendo a Guillermo Del Toro en la silla del productor) actúa como una metáfora hábil de los monstruos reales que pululan por nuestro mundo. Su discurso, tal vez heredero del de ‘Déjame salir’ (2017) de Jordan Peele, se vale de los cimientos del terror cinematográfico para construir un relato donde el mal trasciende la pantalla.

Viñetita de ‘Antlers: Criatura oscura’

De hecho, el largometraje lleva el símil del «monstruo que habita en nosotros mismos» hasta el extremo, retratándolo por medio de una grotesca transformación en la que, como si se tratase de «la cesárea» del desdichado personaje de John Hurt en ‘Alien: el octavo pasajero’ (1979), «el mal» nace del interior de uno de los personajes. Y hasta aquí puedo leer sin entrar en spoilers.

Fotograma de 'Antlers: Criatura oscura'. Plano cenital de un dibujo aterrador.
Como en toda peli de terror, en ‘Antlers: Criatura oscura’ un crío dibuja criaturas satánicas. Lo normal.

Este interés por «traer» el terror al mundo real impregna incluso la puesta en escena. La historia discurre a través de planos amplios de los escenarios rurales que rodean a los personajes, anclando su historia en un mundo tangible. El director de fotografía, Florian Hoffmeister, rehúye la simetría «wes-andersoniana» de ‘Midsommar’ (2019) o las complejas composiciones de ‘Us’ (2019) para llevarnos a un mundo gris, frío… y humano. Además, valiéndose de la visceralidad propia de Del Toro, retrata sin tapujos las gráficas masacres que el monstruo deja tras de sí. En ‘Antlers: Criatura oscura’, lo importante no solo es la diabólica criatura fantástica, sino el daño que esta inflige.

Por eso su estética se aproxima más a las viñetas de las novelas gráficas que a los oscurísimos primeros planos del cine de terror palomitero. Hoffmeister evita la cámara en mano y apuesta por secuencias estáticas en las que el terror emana naturalmente de la anticipación y el ambiente.

Fotograma de 'Antlers: Criatura oscura'. Plano subjetivo que muestra a una clase de niños dados la vuelta dirigiendo su mirada hacia el protagonista, situado fuera del encuadre.
Captura de ‘Antlers: Criatura oscura’… o del «live action» del meme de Los Simpson. No lo tengo claro.

Tal vez su principal flaqueza es que se acaba adhiriendo a los cánones clásicos de los que tan desesperadamente parece que pretende huir. El niño apartado y tímido de la clase que oculta dibujos aterradores en su cajonera, el anciano que alerta de los peligros de una criatura antigua y peligrosa… y tantos elementos más, nos redirigen a un modelo de cine de terror que a día de hoy, ha dejado de ser estimulante.

Valoración de Mr. McGuffin: 3sombreros

Lo mejor: Asentar la mitología en el mundo contemporáneo y buscar un sucedáneo terrenal de los monstruos de las leyendas y los cuentos.

Lo peor: La escasa originalidad y valentía que se plasma el devenir de la historia… y que sí está patente en otros aspectos del film.

‘Antlers: Criatura oscura’ está disponible en Disney+.

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