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‘El proyecto Adam’, otro «meh» para Netflix

El catálogo de Netflix últimamente no nos emociona demasiado. Y la nueva película de Ryan Reynolds, ‘El proyecto Adam’, no nos induce a cambiar de opinión

Para los que ya conocéis esta página, sabréis que suelo reflexionar (o despotricar) bastante a menudo sobre cómo Hollywood vive en una permanente crisis de ideas. Crisis que se está extendiendo a todos los sectores de lo audiovisual. Y la única solución que parecen haber encontrado es camuflar los flagrantes fallos en la trama… por presupuestos cada vez más grandes y chistes facilones. Una solución que a veces cuaja… y muchas otras no.

Pues bien, ‘El proyecto Adam’ pertenece sin lugar a dudas a la segunda categoría. Pasando por alto el hecho de que es la enésima película de Ryan Reynolds haciendo de… no sé, ¿Ryan Reynolds?… no hay mucho más que aportar. Las actuaciones son pasables. El ritmo es pasable. Los efectos especiales podrían llegar al notable (hay que hacer alarde de presupuesto, supongo). Pero la trama falla más que las armas de los soldados imperiales.

¿Eres bueno? Con una bala matas a 5. ¿Eres malo? Garantizamos que vaciarás el cargador y no te llevarás ni el peluche pequeño.

No soy experta en Física así que me niego a hacer el ridículo debatiendo sobre la explicación de los viajes en el tiempo. Pero cualquiera que haya visto ‘El proyecto Adam’, podrá ver que las escenas de acción a veces parecen metidas con calzador y que, algunas de las tramas más interesantes, como la relación entre Reynolds y Zoe Saldana, se quedan en un discreto segundo plano. Cediendo todo el protagonismo a los efectos especiales… y a una relación padre-hijo en la que vuelan los reproches (sin demasiado sentido, debo añadir). Llamadme rara, pero me resulta curioso que Adam consiga reescribir totalmente los recuerdos vividos con su padre… sin motivo aparente.

Laura Shane ROMPE la película en cuanto entra. ¿Por qué solo podemos disfrutarla 15 minutos como mucho? Exijo una explicación.

Y no explotar más la química entre Jennifer Garner y Mark Ruffalo es sin duda otro error gigantesco. Que ambos funcionan bien juntos lo dejaron claro en «Si tuviera 30», pero en ‘El proyecto Adam’ apenas tenemos una escena pasajera. Supongo que al menos tendré que dar las gracias porque nos hayan ahorrado la turbia historia de ‘Regreso al futuro’ de «eh, empieza a gustarme mi hijo». Aunque la escena en el bar apuntaba maneras. En cuanto al pequeño protagonista, Walker Scobell, hay que decirlo alto y claro: roba el foco a actores veteranos sin despeinarse. Y las réplicas entre él y Reynolds son simplemente maravillosas.

No solo Hugh Jackman puede meter a Reynolds en vereda. Scobell sabe mantenerle a raya en cada escena.

Poco más me queda por añadir, porque ni la propia película sabe decir mucho más. Entretiene, te hace soltar un par de carcajadas… y ya está. Eso es todo lo que te aportará. Como plan para un sábado por la tarde puede valer. Pero olvídate de encontrar una película de ciencia ficción que te dé la vuelta al cerebro. Esas quedaron para otras épocas… al igual que todo el buen cine.

Valoración de The McGuffin: 3sombreros

Lo mejor: la química entre Reynolds y Scobell y el personaje de Zoe Saldana (que aunque desperdiciado, muestra potencial).

Lo peor: los cambios gratuitos en los recuerdos de Adam de la relación con su padre, que no hayan explotado la reunión Ruffalo-Garner y la constante sensación de ser un «quiero y no puedo».

¿Quieres verla? Toda tuya en Netflix.

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